Las 07:15, hora de levantarse... Me duché y me lavé la cabeza, me vestí, desayuné tostadas con mantequilla, cogí mis cosas y salí apresurada de mi casa, como todos los días. Siempre que voy al intstituto paso por otro colegio donde tienen E.S.O, bachillerato y módulos, y me sirve para saber si llego tarde al mío, esta vez me había cruzado a muchos alumnos de esa escuela que se dirigian tranquilos a sus clases, así que yo llegaba a mi hora.
Todos, igual que siempre, estaban en los pasillos, hablando con sus amigos mientras esperaban a que el profesor llegase. Ví a David cerrando la puerta de su clase tras dejar entrar a la que daba Matemáticas, esa profesora siempre llegaba puntual, no se le escapaba ningún día, aunque fuese a primera hora. Al ver a mi amigo, me acordé de la tarde anterior y empezé a recorrer los pasillos de la planta de arriba con la mirada, buscando un saludo,pero no quedaba nadie fuera, todos estaban con las asignaturas que les tocaba en esa hora, así que me metí en la clase y al poco tiempo después de sentarme empezé a dar Sociales.
A la hora del recreo me reuní con mis amigas y nos sentamos al lado del patio de fútbol. Hablabamos de nuestras cosas cuando de repente miré hacia el otro lado del patio y allí estaba él, allí estaba Felipe, mirándome con una sonrisa confiada y desafiante, una sonrisa que supe al instante que sería difícil de olvidar. Le devolví la mirada y la sonrisa, en ese momento sentí que solo estabámos él y yo.-¿A quién miras? -me preguntó Lucía.
-¿Yo? A nadie... -mentí.
Terminaron las clases y antes de que sonara el timbre para poder salir ya estaban todas las clases en el patio esperando. Allí estaba él, que seguía retándome con la mirada a que fuera yo la que le saludara, aunque sabía que tendría que hacerlo él primero. Sonó el timbre y todos salieron en avalancha hacia la puerta de salida, mis amigas incluidas. Felipe y yo nos juntamos en la multitud esperando a que destaponaran la salida.
-Hola -dijo admitiendo su derrota
-Hola
-¿Ves cómo no era tan difícil?
-¿Y tu ves como no te tiene porqué dar corte?
Empezamos a reirnos y luego, consiguiendo salir, se despidió con una sonrisa.
-Y ahora dirás que tampoco te sonreía a ti -dijo Lucía
-Bueno... esque estuve hablando con él ayer por la tarde, pero ya está que solo nos hemos saludado
-¿Con Felipe?, pero si no os conocéis de nada, de vista solo -se extrañó Blanca
-Ya, pero David me dió su messenger y nos caímos bien.
Por sus caras deducí que tampoco les importaba mucho un simple saludo. Volví a mi casa y encendí el ordenador para volver a pasarme horas hablando con él, lo que se estaba convirtiendo en costumbre.


